Entrevistas

  • Independientemente del acuerdo firmado, el productor va a definir si emplea o no la tecnología

    Karsten Friedichsen - Presidente de la APS A diecisiete años de creación de la Asociación de Productores de Soja, Oleaginosas y Cereales del Paraguay (APS), su presidente Karsten Friedichsen, comparte algunas reflexiones del momento actual del sector y los desafíos que tienen los productores de cara a mejorar su eficiencia, además de apostar por la tecnología e instar a aprovechar el momento propicio del país para lograr su desarrollo.

    _ Campo. ¿Cómo se vive la presente campaña sojera?
    _ R. Estuvimos en varios seminarios regionales, como lo fue en el caso de Argentina y Uruguay, y el panorama de Paraguay es similar. Todos con muy buen ánimo, con una muy buena perspectiva, por lo menos en el inicio de los cultivos. El arranque fue de manera normal. Tanto Paraguay como sus vecinos somos “soja-dependientes”. Necesitamos producir y no podemos salir del ciclo por algún problema coyuntural. No obstante, la preocupación por el precio sigue. Es una situación que todavía no encontró su equilibrio. Si bien los costos no subieron más, tampoco bajaron. Entonces el productor sigue buscando el equilibrio. Eso sí, la apuesta está hecha y no hay vuelta para atrás y se sigue rezando para que el clima, una vez más, no nos abandone y aparezcan las buenas lluvias.

    _ Campo. ¿El clima sigue acompañando?
    _ R. Y hasta la primera semana de octubre prácticamente tuvimos un mes de sequía en algunas zonas. Todo el mes de septiembre y hasta inicios de octubre, cuando sí cayeron lluvias en todo el territorio. Pero estamos alertas al fenómeno de La Niña, que quizás se haga presente en este verano. Nadie tiene la certeza de cómo y cuánto nos afectaría. Los especialistas hablan que el sur de Brasil probablemente estaría afectado. Esa franja puede alcanzar a Paraguay y aunque tal vez no pase eso, la preocupación es grande entre los productores sabiendo que después de El Niño, que fue bastante acentuado, se espera La Niña o algún cambio.

    _ Campo. ¿Esta falta de lluvia de un mes entorpeció el desarrollo de la siembra?
    _ R. Entorpeció un poco el inicio y la calidad de la germinación en algunas parcelas ya implantadas. Esto dará paso a una evaluación de los productores si realizan o no una eventual resiembra. Con el fenómeno El Niño, el Paraguay se salvó de grandes pérdidas, con la excepción de algunas parcelas y algunos productores que tuvieron mermas. Pero, a nivel nacional, no nos perjudicó en comparación con zonas vecinas, como Mato Grosso, en Brasil, que tuvo regiones muy perjudicadas por la sequía, o Argentina, en contrapartida, por inundaciones. El Paraguay, en la campaña pasada, tuvo suerte en términos generales, con la excepción de pequeños problemas locales en ciertos distritos. Ahora faltan de tres a cuatro meses para que podamos saber cómo afectaría el clima en la campaña 2016 – 2017.

    _ Campo. ¿Se mantendría la superficie final?
    _ R. Por el momento no se esperan grandes incrementos. Si el precio vuelve a reaccionar, en algunas regiones las pasturas se convertirán en sojales y campos mecanizados, van a entrar en zafriña soja verano y otros frutos de invierno. Pero, con el precio actual, la inversión en el campo, en ese sentido está un poco paralizada. No obstante, Paraguay tiene un potencial de convertir campos, principalmente pasturas con bajo perfil de nutrición o lugares que políticamente no son aptos para recibir esas inversiones, aquellas regiones conflictivas como San Pedro, donde hay zonas aptas y personas que quieren trabajar, pero que las condiciones a la fecha aún no son muy favorables para eso.

    _ Campo. ¿Bajó realmente el costo de producción?
    _ R. Lo que sabemos es que los fertilizantes acompañaron la baja del crudo. Pero si bien bajaron con el crudo, los demás insumos por lo menos no subieron más. La reducción fue de entre 3% y 4%; el combustible también bajó un poco más. Ahora con relación a lo que costaba, la soja y el trigo, los costos siguen todavía elevados. También los alquileres que los productores pagan deben encontrar otro punto de equilibrio inferior, justamente para que la cadena encuentre un ajuste y un equilibrio. En esta campaña, todavía no hubo ese ajuste.

    _ Campo. ¿Los productores apuestan con toda la tecnología en esta campaña?
    _ R. El productor invirtió mucho dinero en maquinarias de última tecnología, maquinarias que ya se compraron, se están usando y se van a seguir usando. Lo que sí se vio es que los productores optaron por comprar semillas más económicas. Las semillas de maíz para zafriña que costaban 250 dólares la bolsa ya no tienen más salida. El productor ya no puede pagar las semillas listas para sembrar y los productores están pensando mucho para comprar, porque los números no cierran y buscan el equilibrio entre calidad, precio y conveniencias. Se calcula con el lápiz más afinado. Hoy por hoy, el productor tiene que ser un poco más conservador y calcular el riesgo que implica una inversión en alta tecnología.

    _ Campo. Con relación a la tecnología INTACTA, ¿la APS suscribió el acuerdo por las escalas de regalías que firmaron Monsanto y el Inbio?
    _ R. La plataforma que las multinacionales eligen para la fijación de precios va a través del Instituto de Biotecnología (Inbío). Esa es la vía elegida por ahora. Si bien la APS es parte aún del Inbío, no hemos participado de ese acuerdo con la multinacional en especial porque no tuvimos una posición definida de nuestros asociados, en relación con el valor máximo o mínimo pactado. Si bien la APS forma parte del Inbío, no hemos firmado o acordado y los productores son quienes deciden adoptar o no la tecnología. Cada uno por sí solo firma una licencia donde acepta o no cultivar las nuevas variedades INTACTA.

    _ Campo. ¿El gremio dio su acuerdo?
    _ R. No dimos ni nuestro acuerdo ni nuestro desacuerdo. Es una situación que simplemente no tuvo ninguna orientación de nuestras bases, de nuestros asociados. Tampoco hubo una directriz del gremio para decir: “vayan y firmen o dejen de firmar por tal o cual valor”. Entonces, para no complicarlos con los asociados, la APS deja a criterio del productor si van o no a cultivar materiales con esa tecnología o si les conviene o no. Los testimonios que tenemos de muchos de nuestros asociados, quienes plantaron esas variedades, arrojaron resultados diversos. Hubo productores que informaron que van a seguir apostando nuevamente a la tecnología o tal vez en mayor cantidad. Otros, por el tema de precios o por no haber encontrado en la campaña pasada un beneficio económico, van a optar por no volver a cultivarla. Son experiencias personales que quedan a criterio de cada productor. Creo que en esta y en la próxima campaña se va a perfilar con real exactitud y con diferentes situaciones climáticas, porque ningún año es igual a otro, si al final de cuentas, la tecnología vale lo cuesta. Esa es la pregunta del millón que realizan los productores. Independientemente del acuerdo firmado, el productor va a definir si emplea o no la tecnología.

    _ Campo. ¿La APS acompaña eso sin tomar postura?
    _ R. Estamos de acuerdo con las nuevas tecnologías, porque esta representa apenas una de las muchas existentes. Ciertamente es una realidad que se ha invertido mucho dinero, de parte de las empresas obtentoras e investigadoras para proporcionar el diferencial que represente una ventaja al emplear materiales con biotecnología. Creemos que por ahora no hay otra mejor alternativa. Van a seguir surgiendo otras biotecnologías, otras variedades con diferentes características que se van a sumar en una sola semilla. Habrá dos, tres, cuatro, cinco o seis beneficios de biotecnologías. Por ahora no hay vuelta que dar, pero los productores, de vuelta, al final de cuentas son quienes van a evaluar si les conviene o no. Todas son bienvenidas para la prueba, para la investigación y cuando resultan y son de beneficio para la zona, porque muchas no se pueden generalizar. Esto hay que diferenciar y encontrar su utilidad. Creemos que en Europa hay una resistencia muy grande a todo tipo de investigación, en ese cultivo específico, creemos que a la larga no habrá otra opción. Porque van a surgir medicamentos, embutidos en alimentos, van a surgir curas para ciertas enfermedades, que incluso hará que quien se resiste hoy, opte mañana por un producto genéticamente modificado. Cuando el padre de familia encuentre el tratamiento de una enfermedad crónica de su hijo, ahí en ese momento pasará de reaccionar en forma ideológica a reaccionar de forma lógica con esos alimentos y esos medicamentos modificados genéticamente. Creo que por ahora no hay vuelta atrás, hasta que no se compruebe lo contrario, van a encontrar nuevas utilidades, nuevos beneficios para el ser humano.

    _ Campo. ¿Qué piensan del reconocimiento de la propiedad intelectual?
    _ R. Por supuesto estamos de acuerdo. De lo contrario la investigación no se paga. Pero tenemos que encontrar el equilibrio en el precio – beneficio. Cuando el beneficio está, hay que pagar. Cuando el beneficio no está, no se puede pagar por el nombre ni por la etiqueta. Se tiene que pagar por el resultado que tenga. Ahí es justamente donde los productores están atentos en encontrar una transparencia, en la denominación de los productos, para que no sea un paquete que después nadie más pueda distinguir lo que contenga un producto. Siempre tiene que existir una característica, un beneficio y ese beneficio puede significar el costo a asumir.

    _ Campo. ¿Las nuevas biotecnologías difícilmente tendrán el auge de la soja RR?
    _ R. En realidad hay que decir que la RR fue una estrella que revolucionó varios aspectos de la soja en América Latina y América del Norte. La INTACTA todavía no ha mostrado el mismo impacto en los métodos de cultivo y en la facilidad de aplicación porque tiene algunas ventajas con algunos insectos. Pero el tiempo tendrá que mostrar el mismo alcance que tenia la soja RR1. A la par, surgirán otras tecnologías, que tal vez ni tengan nombres definidos hoy, pero que van a surgir. Quizás a futuro tendremos variedades resistentes a la roya asiática, podría ser una gran revolución. Este problema implica mucho costo y aún no es controlable con tratamientos, por lo que sigue perjudicando bastante. Las investigaciones van en ese sentido y los productores de Paraguay y de la región no van a estar ajenos en aceptar nuevas tecnologías si traen beneficios, tanto para la empresa que ofrece como para el productor que lo implemente.

    _ Campo. En cuanto a los detractores al sector, ¿se siente un alivio o siguen los ataques?
    _ R. Tenemos que considerar que el ambiente en Paraguay ha cambiado desde las últimas elecciones. Hoy el gobierno nacional reconoce y sabe de la importancia que tiene el agronegocio y sabe también que no existe soja sin trigo, maíz sin soja, girasol sin trigo. Desde el tambo, la producción de huevos, etc. todos dependemos unos de otros. Los molinos harineros no podrían sobrevivir si no tienen la opción de producir soja en otros ciclos. Es una rueda gigante que mueve el interior del Paraguay y que reposa en un momento sobre la soja. Es un engranaje más, es como una máquina que tal vez su corazón sea la soja, pero todo lo demás se mueve a través de la agricultura. El gobierno nacional tiene esa conciencia, el sector productivo y comercial del Paraguay tiene esa conciencia y algunos sectores políticos, por alguna razón política, no se dieron cuenta aún de eso, en vez de incluir cada vez a más gente en esa cadena productiva y a esa máquina productiva, que al final de cuentas lo que hace es generar riquezas en esos diferentes ámbitos. Los pequeños productores hoy tienen capacidad de implementar tecnología para también producir, quizás no los mismos productos, considerando por ejemplo los tambos de campo 9, las nuevas zonas arroceras. Ese Paraguay productivo no puede parar si las personas abren sus mentes, se mentalizan con esa cultura de la producción y no solo subsistir en un pedazo de tierra, administrando pobreza. Paraguay no puede seguir diciendo que en 15 hectáreas no puede vivir, siendo que Japón es un gran productor con fincas no muy extensas. Lo que falta aquí es un cambio de paradigmas y un cambio de mentalidad productiva. Que a la gente se la permita pensar en ese sentido. Las tecnologías de los celulares, de la comunicación o de la movilidad no encontraron ninguna resistencia para entrar al interior de Paraguay y ganarse sus aficionados. Pero la cultura de la producción agrícola en una manera más dinámica, más eficiente, no encontró ese mismo eco y en eso hoy el Paraguay tiene un déficit. A partir de ahí, que la gente acepte con tecnología y con nuevas metodologías para salir de la condición de pobreza y los sectores políticos van a empezar a interesarse en participar y no en bloquear ni frenar el desarrollo en el campo.

    _ Campo. Cómo está la siempre latente amenaza de los impuestos?
    _ R. Esa es en realidad una amenaza constante que no calla. Nos cansamos de repetir y explicar los mitos que rodean al impuesto. El productor está conforme en el impuesto a la renta, ya sea como productor pequeño, como productor mediano o como empresa productora. El 10% de impuesto a la renta, con el IVA también. Quisiéramos mantener eso y mejorar la recaudación, ayudar al gobierno si ellos creen que hay algunas falencias en algunos puntos de la cadena. Ahora, el impuesto a la exportación tomemos la experiencia que tuvimos bien cerca. El único país que lo cobraba en el mundo era Argentina. Lo cortaron para el trigo y el maíz y lo van a bajar gradualmente, años tras año, porque el sistema productivo no soporta un impuesto a ser exportado. El productor tiene que pagar impuesto cuando tiene ganancias, no por el mero hecho de producir. Esta situación hizo desaparecer a miles y miles de productores de porte mediano y surgieron empresas agrícolas muy grandes que buscaron sobrevivir con escalas, a costa de pequeños y medianos productores. Argentina con esto no se volvió ni rico ni desarrollado. Actualmente está en busca del equilibrio. Aquí es un debate político – ideológico, donde el productor cayó en una cancha de juego de disputa política. No estamos participando de ese tema, porque nos enfocamos mucho al trabajo, porque estamos trabajando. Las grandes políticas se definen en la capital, priman no solamente los intereses del país, sino de una disputa política. El real desarrollo de Paraguay pasa por la producción y por incluir gente en ese ciclo productivo y no castigar a merced de un modelo ideológico a aquellos que apuestan por el trabajo. Eso no puede ser y no va a ser la salida de unos 2 millones de paraguayos que si necesitan de forma urgente, de alguna manera, del desarrollo nacional.

    _ Campo. ¿Cómo se sienten con las autoridades?
    _ R. En los departamentos donde estamos con mayor cantidad de socios, los gobiernos departamentales y el gobierno central, por la visión que estamos queriendo desarrollar, hay un consenso hacia dónde queremos ir, avanzar. Esa que incluye la generación de empleo, la producción e industrialización. Estamos muy expectantes con las obras de infraestructura que supuestamente están en fase de licitación. Las rutas que se están licitando y que van a salir, algunos temas políticos como la hidrovía Paraguay – Paraná necesitan ajustes, algunas decisiones políticas a largo plazo, para que los puertos que se están construyendo y las fábricas de procesamientos de granos que están sobre los ríos tengan capacidad plena de procesamiento. Vemos un panorama más amigable y con una visión más patriótica para los próximos 10 o 15 años. Esperamos que esa visión se mantenga para darle oportunidad al Paraguay, para todos los paraguayos, para que de una vez por todas, la máquina arranque y que esos 2 millones de paraguayos que hoy no están participando todavía del desarrollo y viven en una situación de pobreza puedan ser incluidos lo antes posible. Desde nuestro punto de vista y de las personas que nos observan de afuera es la única manera de incluir a esta gente en el proceso productivo y no excluirlas con ideologías ni ideas del siglo pasado, basadas en falsas promesas políticas o en crear un ambiente hostil para el desarrollo que frene cualquier incentivo para que una empresa extranjera invierta. Es la forma de incluir por el gran efecto multiplicador que tiene. El valor de la producción está en aquel que la produce y todos lo que están detrás de la cadena productiva. Pero muchas veces, eso no está todavía claro para el pueblo y para la gente. Pensamos de forma muy inmediata, vemos que si uno no tiene un campo propio, no tiene como participar. Pero la cadena es muy amplia y hay tantas oportunidades de trabajo y de incluirse en esa cadena.

    _ Campo. A 17 años de la fundación de la APS, ¿cómo está la organización y cuál es el valor de estar agremiados para los productores?
    _ R. Esto va mucho más allá de estar agremiados o no agremiados. El Paraguay va mucho más allá, algunos desde adentro, como participantes de la cadena productiva lo ven, pero el mundo ve a Paraguay de manera diferente. Cuando yo estudié allá por 1985, los libros de Historia decían que Paraguay tenía una gran flota mercante, que el Paraguay era un gran exportador de yerba mate, carnes enlatadas para la primera y segunda guerras mundiales. En los libros relataban que teníamos de todo, pero en 1985, no éramos capaces de alimentar a nuestro propio pueblo, con harina que venía de Argentina, con los lácteos que venían de Argentina o de Brasil o simplemente no había. Era un país sub desarrollado en esas cuestiones básicas. Treinta años después todos los actores de la cadena hicieron que el Paraguay hoy tenga una enorme flota mercante otra vez, que si bien no es del Estado paraguayo, es de Paraguay. Son obreros paraguayos que llevan alimentos al mundo, de todo aquello que nos sobran, porque hoy nos sobra todo. Falta sí dinero para que algunos compren alimentos “Made in Paraguay”, pero los productos sí están fabricados. Esa realidad nueva hace que el mundo nos vea como un posible motor de generar alimentos para países en Asia y nos empiezan a mirar con mucho cariño y con la seriedad que el Paraguay se merece. Esa seriedad que el Paraguay tiene, necesita una representación, ya sea a través de las cooperativas. El productor tiene que saber que necesita un gremio que lo pueda representar y donde el mundo lo pueda ver a través de un lente que el mismo se pone y que encuentre su lugar. Ya no somos aislados en el continente ni en el mundo. Paraguay forma parte de un Mercosur, para algunos no funciona bien, pero funciona. No funciona a la perfección, pero funciona y es un mercado común en expansión. Así como los partidos políticos en los temas políticos, en los temas sociales y gremiales las asociaciones tienen un rol muy importante, de juntar a los productores con los mismos intereses y defender sus intereses, pero también plantear soluciones.

    _ Campo. ¿Qué actividad promovida por APS desea resaltar?
    _ R. Ahora estamos en el andamiento del Colegio de Formación Profesional en Alto Paraná, junto con las centrales de cooperativas Fecoprod y Unicoop, así como la Cámara de Comercio Paraguayo – Alemana. La propuesta es utilizar la infraestructura de Cetapar (en Yguazú), para implementar un curso de mecánico agrícola y operador de máquina agrícola, muy demandando por todas partes. Estos son empleos que pagan bien, que ofrecen mucha proyección de carreras y de futuro y no estamos encontramos los operarios. Ese proyecto ya está en andamiento y como APS, así como las demás organizaciones vinculadas, invertimos un monto importante. Contratamos profesionales que están preparando el plan de estudio, la malla curricular. Están buscando los capacitadores, los profesores. Hay participación de especialistas de Brasil en ese manejo de la mecánica agrícola, con la idea de arrancar en febrero del 2017, con el primer grupo, probablemente de 25 alumnos en estas carreras. No está ni definido todavía el 100% el nombre de la carrera, pero se habla de “Mecatrónica”. En otras palabras, serían mecánicos para implementos agrícolas y operador de máquinas agrícolas, con muy buenos sueldos en el mercado. La idea es encontrar los alumnos y los profesores. La instalación física está en Cetapar, con toda la infraestructura necesaria, aulas, alojamiento para los jóvenes. Hay un taller muy completo, tienen todas las maquinarias modernas para que puedan hacer la práctica. La idea central es que sea un sistema dual, un sistema de educación profesional, establecido en Alemania, donde el alumno va a clases y tiene la practica en una empresa del sector y se turna en la empresa y en la escuela, ya sea un día por semana o una semana por mes. Entonces saldrían técnicos con experiencia laboral, totalmente enfocados a la realidad del trabajo de hoy. Es un proyecto muy ambicioso que funciona en Brasil, en Alemania y por qué no en Paraguay. No hay motivos para no implementarlo. Ahora se están captando los posibles alumnos, que tienen que tener 18 años cumplidos, tienen que tener una educación escolar concluida. El curso va a ser técnico. La Cámara Paraguayo – Alemana cuenta con una profesional de Alemania que es especialista en ese tipo de educación e implementa este tipo de proyectos en América Latina. Ya está en Paraguay. Está a nuestra disposición y está trabajando íntegramente para la realización de este proyecto.

    _ Campo. ¿Qué mensaje desearía dejar, tal vez alguna meta, algún desafío, algún sueño?
    _ R. Mi sueño es que no estemos utilizando al gremio como una entidad que sea el abogado del productor, sino que podamos generar la diferencia, opinión y un debate sano para el desarrollo. No queremos estar peleándonos con los problemas del día a día, queremos traer desarrollo para acompañar el desarrollo del país y de la región, aportando proyectos e ideas válidadas, como por ejemplo ahora la formación profesional y otros proyectos para que las cosas funcionen para las futuras generaciones de productores.