Los datos expuestos no respaldan la hipótesis de control de precios ni de conductas colusorias. Por el contrario, reflejan una transmisión consistente de los precios internacionales hacia el valor del ganado en gancho y hacia los precios internos de la carne, un comportamiento característico de países tomadores de precios, según se desprende de un informativo institucional dado a conocer por la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC). En ese sentido, en el escenario global, Paraguay registra una producción anual cercana a las 640 mil toneladas de carne bovina, lo que lo ubica en el puesto 12 entre los productores mundiales. No obstante, su verdadero posicionamiento estratégico se explica por su fuerte orientación exportadora. Con embarques que rondan las 420 mil toneladas anuales, el país se sitúa dentro del top 10 de exportadores mundiales.
El indicador más ilustrativo es el coeficiente de orientación exportadora, que alcanza el 65,9% de la producción total. Este porcentaje posiciona a Paraguay en el cuarto lugar a nivel mundial, solo por detrás de Nueva Zelanda, Uruguay y Australia. La magnitud de este coeficiente confirma el elevado grado de integración internacional del sector y su dependencia directa de las condiciones globales de oferta y demanda. Este triple posicionamiento —productor de escala media, exportador relevante y economía con orientación exportadora de élite— define estructuralmente al sector como tomador de precios, sin capacidad significativa para incidir sobre las cotizaciones internacionales. El incremento sostenido del coeficiente exportador, que pasó de aproximadamente 38% en 2005 a niveles cercanos al 64% en la actualidad, responde a factores estructurales y estratégicos.
Entre ellos se destacan la expansión y modernización del parque frigorífico en un entorno de libre competencia, la incorporación de estándares sanitarios internacionales y la apertura y diversificación de mercados. Además, el crecimiento de la oferta exportable superó la capacidad de absorción de la plaza interna, profundizando la exposición del sector a ciclos exteriores. Así, la competitividad dejó de ser una ventaja coyuntural para convertirse en un requisito estructural. Eficiencia productiva, logística, cumplimiento sanitario, previsibilidad regulatoria y diversificación de destinos se consolidaron como pilares centrales para la sostenibilidad del negocio. En definitiva, el coeficiente de orientación exportadora no solo constituye un dato estadístico, sino que sintetiza el grado de integración del sector cárnico paraguayo a la economía global y su condición inequívoca de tomador de precios.