P: ¿Cómo observa a Paraguay como productor de alimentos y qué potencial tiene para acceder a nuevas tecnologías?
R: Paraguay es estratégico. Es un productor neto de granos. Creo que, con regulaciones modernas, el registro de productos, la propiedad intelectual y las patentes, sin duda nuestras empresas van a ver a Paraguay como una potencia agrícola, que ya lo es.
Tiene capacidad de producción, clima y mano de obra. Ya hoy Paraguay es líder en muchos de los esfuerzos internacionales para defender a la agricultura y la exportación de la región.
P: ¿Considera que los procesos regulatorios del país acompañan el desarrollo de las nuevas tecnologías?
R: Yo creo que sí. Hay un ambiente general en el país de avanzar y promover a Paraguay como una potencia agrícola que puede ser, y sin duda va en ese camino.
También es importante crear un ambiente que permita, desde lo regulatorio, traer nuevas innovaciones. Por eso claramente vemos a las autoridades encargadas de la propiedad intelectual con un gran compromiso para que eso se mantenga, se mejore y se haga más eficiente, de manera que pueda acompañar la modernización del portafolio agrícola.
P: Frente a desafíos como el cambio climático y las situaciones geopolíticas, ¿qué tecnologías marcarán el rumbo de la agricultura?
R: Creo que la tecnología y la innovación están avanzando en la agricultura de manera exponencial.
Estamos viendo los drones, que están siendo utilizados cada vez más en todos los países; Paraguay tampoco está exento de esta tendencia. También vemos el avance de los productos biológicos, donde nuestras empresas están invirtiendo. No solamente en la parte química, sino también en todas las aplicaciones de la agricultura digital.
Estas tecnologías van a ayudar a hacer la agricultura más eficiente y, al mismo tiempo, van a producir mucha más información para que el agricultor tome mejores decisiones, tanto sobre el clima como sobre fertilización, uso del agua y otros aspectos.
Cuando hablamos de agricultura 2.0 o agricultura digital, esta tecnología viene a potenciar la productividad del agricultor para producir más alimentos y, al mismo tiempo, utilizar herramientas modernas que ayuden a minimizar los efectos del cambio climático.
El uso del agua puede ser más eficiente y las plagas podrán controlarse de una manera más puntual, con mucha más tecnología. Creo que, al final, la agricultura moderna y la innovación son parte integral de la solución de los desafíos que tenemos en el mundo para la producción de alimentos.
Tenemos la agricultura, la innovación y la tecnología que nos van a permitir conquistar y mitigar muchos de estos desafíos.
Estamos en un cambio de revolución, donde la inteligencia artificial nos va a permitir acelerar el desarrollo de muchos productos que antes tomaban más tiempo y, al mismo tiempo, dar eficiencia a los procesos. Creo que estamos en la puerta de cambios más acelerados.
P: ¿Cómo están evolucionando las herramientas digitales y qué impacto tendrán en la producción?
R: Sin dudas que se van a consolidar. Tener regulaciones modernas y contar con el contacto a nivel global que las compañías de nuestra industria permiten son factores importantes.
CropLife Latin America tiene presencia en 18 países y ese intercambio permite que las asociaciones y los productores puedan aprovechar experiencias que ya se están desarrollando en otros mercados, evitando reinventar procesos y compartiendo las buenas experiencias que se están creando en cada país.
P: ¿Cómo observa actualmente el escenario regulatorio en América Latina?
R: La realidad es que las normas regulatorias en toda América Latina son muy variables. En algunos países son anticuadas y atrasan la innovación, como Costa Rica; tenemos regulaciones modernas, como el caso de Brasil, que van avanzando; y también tenemos regulaciones que se guían por la ideología en otros países, en vez de por la ciencia.
Tenemos un “popurrí” de regulaciones en América Latina y tenemos que estar en vanguardia.
En CropLife Latin America estamos apoyando a nuestras asociaciones para poder articular los diferentes desafíos y complicaciones que se generan en materia regulatoria. Los gobiernos cambian, cambian los reguladores y tenemos que empezar nuevamente a entender y a regular algunas cosas, además de explicar situaciones que muchas veces la gente no conoce.
Es un trabajo constante, un trabajo misionero, para apoyar con ciencia y regulación moderna a las autoridades de los países, de manera que puedan tomar las mejores decisiones basadas en la ciencia y en la evaluación de riesgos.
Así podemos avanzar con todo lo nuevo que viene y, al mismo tiempo, manejar de manera segura lo que ya existe. Son productos que funcionan perfectamente, pero que deben utilizarse con cuidado, como sucede con la medicina, que también implica riesgos y debe manejarse correctamente.
P: ¿Cuál es la situación del comercio ilegal de productos fitosanitarios y qué estrategias se están impulsando para enfrentarlo?
R: El comercio ilegal está presente en todo el mundo y la realidad es que es complicado.
Lo que hemos hecho desde CropLife en los últimos 10 años es trabajar con las asociaciones para crear materiales didácticos y educar a los agricultores, para que entiendan, conozcan y puedan detectar cuándo un producto es ilegal.
Si un producto es barato y se vende sin factura, ya son dos señales de que puede tratarse de un producto ilegal y de que no funciona como debería. Esto también perjudica al fisco porque no se pagan los impuestos.
Al final, todo el mundo sufre, además de que no se sabe qué producto se está aplicando. Son productos que vienen de diferentes mercados, muchas veces sin las regulaciones correspondientes, y pueden no cumplir con las condiciones necesarias porque fueron fabricados o ingresaron de manera ilegal.
Otra de las acciones es trabajar con las autoridades para orientarlas sobre el impacto del comercio ilegal. No solamente afecta al campo, sino también al agua y al suelo donde se aplican estos productos, porque no han sido probados ni han demostrado su seguridad.
También buscamos establecer conexiones con las agencias que trabajan con las autoridades para detectar y combatir este problema.
Lo más que podemos hacer es educar, entregar materiales y hacer conexiones con las autoridades, para que puedan hacer su trabajo. Pero todavía falta mucho por hacer.
P: En el campo de la biotecnología, ¿hacia dónde están apuntando actualmente los desarrollos?
R: Todas las empresas están trabajando en la resistencia a plagas y enfermedades, principalmente en los grandes cultivos: soja, maíz, canola y trigo.
Se está trabajando en edición genética y creo que estamos en el inicio de cambios que van a venir de manera muy específica a través de tecnologías que nos permitirán controlar enfermedades, reducir la carga química y ser más eficientes.
Estamos en ese proceso.
Tenemos países que están en contra de algunas tecnologías y donde tenemos que hacer un esfuerzo para que las autoridades cambien su posición. Hay mucha ideología y mucha cuestión política, pero es la ciencia la que debe prevalecer, porque es en ella que nos basamos para poder avanzar.
Se vienen cosas maravillosas si las regulaciones y las entidades aceptan estas tecnologías conforme se presenta la ciencia de manera clara. Creo que estamos ante una oportunidad enorme, porque América Latina es un supermercado enorme.
P: Después de esta visita, ¿qué reflexión se lleva sobre la evolución de Paraguay?
R: Me voy contento de haber visitado Paraguay. Veo claramente que vamos en el camino correcto con CAFYF, con el esfuerzo que se está haciendo para asegurar la capacitación de los agricultores y fomentar las Buenas Prácticas Agrícolas.
CampoLimpioSM sigue creciendo y vemos a las autoridades avanzar en la protección de la innovación para que pueda desarrollarse en el país.
En realidad, el trabajo de CAFYF es ejemplar y estamos apoyando todo el esfuerzo que está haciendo en Paraguay.