El economista Daniel Correa, de DCR Consultora, explicó que estos escenarios suelen impactar en variables clave como la energía, la logística y el comercio internacional, lo que podría trasladarse a los costos productivos y a la volatilidad de los precios agrícolas.
Desde el sector agropecuario se observa la situación internacional con atención y prudencia. Si bien los conflictos ocurren lejos de la región, los mercados agrícolas están estrechamente conectados con la economía global, por lo que eventos geopolíticos relevantes, como las actuales tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, pueden generar efectos negativos en la producción.
Correa indicó que en estos escenarios suele aumentar la incertidumbre, especialmente en áreas como la energía, el transporte y el comercio internacional, lo que lleva al sector a analizar cómo podrían verse afectados los costos, la logística y el comportamiento de los precios de insumos y productos.
El especialista indicó que estos eventos pueden generar cierta volatilidad en los mercados, principalmente en el corto plazo. Sin embargo, explicó que en el caso de los granos los factores determinantes siguen siendo la oferta y la demanda global, las condiciones climáticas y los niveles de producción de los principales países productores. “Los conflictos internacionales muchas veces introducen lo que se conoce como una prima de riesgo en los mercados, por lo que el impacto geopolítico suele ser más temporal”, señaló.
Uno de los aspectos más sensibles para el agro es el comportamiento del precio del petróleo. Una suba sostenida de la energía suele trasladarse rápidamente a mayores costos en combustibles, transporte y logística, además de influir en el precio de algunos insumos agrícolas como los fertilizantes. En un país exportador como Paraguay, donde el transporte tiene un peso importante dentro de la cadena productiva, cualquier incremento en los costos energéticos puede terminar afectando los márgenes del productor.
Dentro de las posibles repercusiones al conflicto bélico que se genera en Medio Oriente, se suma el riesgo de alteraciones en algunas rutas marítimas estratégicas, lo que podría encarecer el comercio internacional a través de mayores costos de seguros, cambios en rutas de transporte o demoras logísticas.
Correa recordó que la reacción inicial de los mercados ante estos escenarios suele ser de cautela y volatilidad. “Los inversores y operadores tratan de evaluar rápidamente los posibles impactos en energía, comercio y producción global. Con el tiempo, los mercados tienden a volver a los fundamentos agrícolas clásicos: oferta, demanda, clima y stocks”, explicó, recordando además el impacto que generó el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en los precios de los insumos y del trigo.
Paraguay podría aprovechar oportunidades en un escenario global incierto
Para Paraguay, los efectos probablemente serían más indirectos que directos, reflejándose principalmente en la volatilidad de precios internacionales, en los costos logísticos o en el comportamiento del tipo de cambio y los mercados financieros. No obstante, el economista señaló que el país también podría encontrar oportunidades dentro de este contexto.
Al ser un productor confiable de alimentos, Paraguay suele estar relativamente bien posicionado cuando el mundo atraviesa períodos de incertidumbre, ya que la demanda de alimentos tiende a mantenerse firme. En ese sentido, Correa indicó que los cambios en el escenario internacional también pueden abrir nuevas posibilidades comerciales.
“Cuando hay tensiones comerciales o conflictos entre grandes potencias, los compradores suelen buscar diversificar proveedores para asegurar el abastecimiento. En ese contexto, países productores de alimentos como Paraguay pueden fortalecer su posicionamiento en los mercados internacionales”, afirmó.
Finalmente, el especialista destacó que frente a un escenario global cada vez más volátil, el sector agropecuario debe mantener una visión estratégica basada en la planificación de costos, el seguimiento de los mercados internacionales, la diversificación de destinos de exportación y la eficiencia productiva.
“La capacidad de adaptarse y tomar decisiones informadas se vuelve una ventaja clave. Estos escenarios muestran que el camino debe seguir siendo la apuesta a la tecnología, la gestión de riesgos y el financiamiento responsable”, concluyó.