P: ¿Cuándo llegó su familia al Paraguay?
R: Mi familia no fue de las pioneras. Llegó en 1967 gracias al convenio de inmigración entre Paraguay y Japón. Yo tenía apenas tres años cuando llegamos. En esa época los inmigrantes venían en barco, con dos viajes al año: uno en abril y otro en septiembre. Ese sistema continuó aproximadamente hasta 1972; después comenzaron a llegar en avión.
Todos vinieron con el objetivo de trabajar la tierra, principalmente en la horticultura. Éramos conocidos como los "tomateros", porque el tomate era prácticamente el único cultivo comercial. También sembrábamos soja y otras hortalizas para el autoconsumo, pero el ingreso principal provenía del tomate. La cooperativa se encargaba de comercializar la producción en los mercados.
P: ¿Cómo fue la transición hacia la agricultura mecanizada?
R: A partir de la década de 1980 comenzó lentamente la mecanización. Quienes tenían algo de capital pudieron invertir en maquinaria e iniciarse en el cultivo de soja. Para quienes no contaban con esos recursos era prácticamente imposible ingresar a ese rubro.
Los comienzos fueron muy difíciles. No bastaba con producir, también había problemas para comercializar. En Yguazú no existían silos que recibieran la cosecha, por lo que debíamos transportar los granos hasta Hernandarias para almacenarlos o venderlos. Muchas veces, si llovía antes de poder entregar la producción, las pérdidas eran muy grandes. Fueron años de mucho sacrificio.
P: ¿Cuándo comenzó a cambiar esa realidad?
R: El gran cambio llegó cuando la Cooperativa Yguazú decidió invertir en infraestructura e instalar su propio silo. A partir de ese momento pudimos crecer con fuerza en la producción de soja y trigo.
El trigo sigue siendo un cultivo muy riesgoso por son escasas las variedades adaptadas, por eso actualmente ocupa menos del 20% del área cultivada de la región. La soja, en cambio, está presente prácticamente en el 100% del área agrícola de verano.
Además, el maíz zafriña también ganó importancia y hoy representa aproximadamente el 50% del área sembrada con soja.
En Yguazú se cultivan cerca de 25.000 hectáreas de soja. De ellas, unas 15.000 pertenecen a socios de la cooperativa y alrededor de 10.000 hectáreas corresponden a otros productores.
P: ¿Cómo evolucionó la actividad ganadera en la colonia?
R: La ganadería viene creciendo de manera importante. La cooperativa habilitó su frigorífico y también impulsó el desarrollo de los sistemas de feedlot. Una vez más, la cooperativa fue la que lideró ese proceso de transformación.
P: ¿A qué se dedica actualmente?
R: Siempre fui agricultor. Durante un tiempo también me dediqué a la producción porcina, pero en aquel entonces el gran problema era la falta de mercado. Solo existía un frigorífico en San Lorenzo y debía trasladar toda mi producción hasta allí. Esa actividad terminó llevándome a la quiebra.
Hoy me dedico exclusivamente a la agricultura, con una producción diversificada de soja, maíz, trigo y chía.
P: ¿Qué considera que ha sido el principal aporte de la inmigración japonesa al desarrollo del Paraguay?
R: Nuestro sueño era llegar a una agricultura totalmente mecanizada y lo conseguimos. Sin embargo, con el tiempo nos dimos cuenta de que ahora dependemos de los mercados internacionales y de los precios globales, que muchas veces no permiten obtener el margen de rentabilidad que imaginábamos.
La globalización trajo muchos beneficios, pero también hizo que producir sea cada vez más costoso y menos rentable. Hoy la agricultura mecanizada solo puede sostenerse aumentando la superficie cultivada.
Para que una familia pueda vivir bien de esta actividad e incorporar todas las tecnologías disponibles, necesita al menos unas 250 hectáreas. Es una superficie importante que no todos pueden alcanzar. Además, cuando llega el momento de heredar las tierras y dividirlas entre los hijos, esa escala deja de ser suficiente para sostener el mismo nivel de producción.
P: ¿Cómo trabajan el arraigo de las nuevas generaciones?
R: Justamente por eso apostamos a la diversificación. La cooperativa está impulsando con fuerza la ganadería porque el engorde intensivo requiere menos superficie y permite que más familias puedan mantenerse en el campo. Es una alternativa que pensamos permanentemente para asegurar el futuro de los jóvenes.
P: ¿Los jóvenes regresan después de capacitarse o buscan oportunidades en otros lugares?
R: Algunos vuelven y otros no. Quienes cuentan con tierra y recursos para desarrollarse aquí regresan y continúan trabajando en la colonia. Pero aquellos que tienen pocas hectáreas muchas veces deben buscar oportunidades en otros lugares.
P: ¿Qué representan para la comunidad las nuevas industrias que se están instalando en la zona?
R: Son una gran oportunidad. Ojalá los jóvenes también se preparen para desempeñarse en otras áreas, porque estas industrias generarán nuevos empleos y permitirán diversificar las oportunidades laborales más allá de la agricultura.
P: ¿Cómo observa el avance tecnológico y herramientas como la inteligencia artificial?
R: Es un avance muy rápido. Personalmente me cuesta seguir el ritmo con el que evoluciona la tecnología y la cantidad de información que aparece todos los días.
En la agricultura debemos avanzar con prudencia. Todavía existen muchas cosas que no conocemos completamente y hay aspectos fundamentales que debemos preservar. Las Buenas Prácticas Agrícolas tienen que consolidarse para garantizar que nuestros suelos sigan siendo productivos para las próximas generaciones.
P: Como productor y ciudadano, ¿qué mensaje les daría a las autoridades?
R: Que nos permitan seguir trabajando. Durante mucho tiempo hubo sectores que intentaron satanizar a la agricultura, haciendo creer que solo destruye el medio ambiente.
Yo estoy convencido de que la agricultura es el sostén de la sociedad. Los alimentos nacen de la tierra y cerca del 80% de los alimentos que consume el mundo provienen de ella. Por eso creo que el Gobierno debe enfocarse en cuidar la tierra, apoyar a los agricultores y promover cada vez más las Buenas Prácticas Agrícolas. Solo así podremos garantizar alimentos y desarrollo para el país.