De acuerdo con la Cámara, Paraguay es un actor relevante en el comercio exterior, pero su escala productiva es menor frente a gigantes como Brasil o Estados Unidos, lo que limita su capacidad de influir en la cotización internacional. En consecuencia, los valores que recibe la industria frigorífica —y que finalmente impactan en el productor— responden principalmente a la oferta y demanda en los mercados externos.
El sector cárnico paraguayo depende en gran medida de destinos estratégicos como Chile, Taiwán e Israel, que concentran una parte importante de las exportaciones. Variaciones en el consumo, cambios económicos o ajustes en las condiciones comerciales de estos países repercuten directamente en la cadena local.
Desde la CPC señalaron que el desafío pasa por continuar ampliando y diversificando mercados, además de consolidar el posicionamiento sanitario del país, que es uno de los principales atributos de la carne paraguaya. La apertura de nuevos destinos y la mejora en acuerdos comerciales podrían contribuir a reducir la vulnerabilidad ante fluctuaciones externas.
La cadena de la carne bovina representa uno de los pilares de la economía nacional, con fuerte impacto en generación de divisas, empleo y desarrollo regional. Sin embargo, su desempeño sigue atado a las condiciones del comercio global, donde Paraguay compite, pero no define los precios.