P: ¿Cómo evalúa actualmente la situación de la industria procesadora de oleaginosas en Paraguay?
R: La agroindustria paraguaya ha alcanzado una importante madurez técnica y productiva, pero opera en un escenario de alta exigencia competitiva y márgenes comerciales muy ajustados.
Este año se ha consolidado una superzafra histórica de soja, con una producción estimada cercana a los 11,5 millones de toneladas, demostrando nuevamente el gran potencial productivo del país.
El desafío ahora es implementar una agenda país que permita capitalizar ese éxito productivo mediante una alianza estratégica entre los sectores público y privado. Necesitamos políticas públicas que conviertan nuestra abundancia agrícola en una plataforma de industrialización, generación de empleo, incorporación de tecnología y desarrollo sostenible.
La agroindustria está preparada para ampliar su contribución al desarrollo nacional, pero necesita condiciones que permitan generar valor agregado de manera sostenible en Paraguay.
P: ¿Qué nivel de utilización tiene actualmente la capacidad instalada del sector?
R: La capacidad instalada de las empresas socias de CAPPRO alcanza actualmente 4,81 millones de toneladas anuales. Este incremento responde a la reactivación de la molienda de CAHPSA y a la incorporación de Pioneros del Chaco como nuevo asociado, extendiendo además la presencia del gremio a la Región Occidental.
Al cierre de junio, el ritmo de operaciones representa una utilización estimada del 78% de la capacidad instalada. Si bien es un nivel importante, todavía cerca del 22% de la capacidad industrial disponible queda sin aprovechar.
Esto demuestra que Paraguay puede procesar una mayor proporción de su producción agrícola sin necesidad de realizar inmediatamente grandes ampliaciones de infraestructura.
P: ¿Cómo están incidiendo los costos logísticos en la competitividad de la industria?
R: Por su condición mediterránea, la logística tiene una incidencia especialmente alta en la competitividad de Paraguay. Los costos del transporte terrestre y fluvial, la volatilidad del combustible, los peajes y las limitaciones de infraestructura impactan directamente sobre el precio final de nuestros productos.
En una actividad que compite en mercados internacionales y trabaja con márgenes muy ajustados, la eficiencia logística puede determinar si nuestra producción llega o no en condiciones competitivas a destino.
Por eso, cualquier sobrecosto o ineficiencia a lo largo de la cadena termina afectando no solamente a la industria, sino a toda la cadena de valor.
P: ¿Qué impacto tiene el peaje de la Hidrovía en las operaciones del sector?
R: El impacto es significativo y sumamente preocupante, considerando que por las vías navegables transita más del 80% del comercio exterior paraguayo.
Junto con otros nueve gremios de la producción y el transporte, hemos expresado una posición firme frente a decisiones unilaterales que afectan a la Hidrovía Paraguay-Paraná y que son adoptadas sin una participación suficiente de sus principales usuarios.
Nos preocupa particularmente la nueva concesión argentina de la Vía Navegable Troncal por 25 años y la aplicación de una tarifa de USD 1,30 por tonelada de registro neto, basada en una metodología cuya estructura técnica y efectos sobre los distintos tipos de embarcaciones no han sido suficientemente transparentados.
Este costo incide sobre los convoyes de barcazas de bandera paraguaya y resta competitividad a productos como el aceite y la harina de soja. Por ello, reclamamos transparencia, participación de los usuarios, previsibilidad y contraprestaciones concretas y verificables en materia de navegabilidad.
¿P: ¿Qué condiciones hacen falta para atraer nuevas inversiones y ampliar el procesamiento?
Antes de pensar en ampliar la capacidad de procesamiento, Paraguay debe crear las condiciones para aprovechar plenamente la capacidad que ya tiene instalada.
Las empresas del sector realizaron inversiones muy importantes en plantas industriales, tecnología, infraestructura y generación de empleo, pero actualmente cerca del 22% de esa capacidad permanece sin utilizar.
Esto ocurre, en gran medida, porque la industria paraguaya compite por la materia prima con países vecinos que aplican regímenes fiscales y aduaneros favorables a la importación de soja en estado natural. En lo que va del año, Argentina concentró más del 90% de las exportaciones paraguayas de soja, que luego es procesada en sus plantas y exportada con mayor valor agregado.
Por lo tanto, la prioridad debe ser establecer condiciones que permitan que una mayor proporción de nuestra producción sea industrializada en Paraguay. Para ello necesitamos previsibilidad jurídica, estabilidad en las reglas, equidad tributaria y políticas que reconozcan el impacto de la industrialización sobre el empleo, la inversión, la recaudación y el desarrollo de otras cadenas productivas.
La mejor señal para atraer nuevas inversiones será demostrar que las inversiones ya realizadas pueden operar de manera sostenida y competitiva. Una vez que logremos utilizar plenamente la capacidad existente, podremos hablar con bases sólidas de nuevas ampliaciones y de una siguiente etapa de crecimiento industrial.
P; ¿Qué oportunidades existen para generar mayor valor a partir de las oleaginosas y los cereales?
R: Las oportunidades son extraordinarias, y la mejor demostración es el nacimiento y la evolución de numerosas industrias conexas durante los últimos 20 años.
La disponibilidad local de harina de soja acompañó el crecimiento de la avicultura y la porcinocultura, que hoy llegan con éxito a mercados internacionales de alta exigencia. También existen oportunidades en alimentos balanceados, proteína animal, biocombustibles, bioenergía y otros productos de mayor valor agregado.
El avance de las normativas sobre biocombustibles puede generar nuevas oportunidades para la cadena de la soja, siempre que promueva efectivamente la utilización de materia prima y producción industrial nacional.
Transformar nuestro aceite de soja en bioenergía permite sustituir parcialmente la importación de combustibles derivados del petróleo, fortalecer la seguridad energética, agregar valor en origen y dinamizar la economía.
El objetivo debe ser que una proporción cada vez mayor de lo que Paraguay produce también sea transformada dentro del país.
P: CAPPRO celebra este mes 20 años de trayectoria. ¿Qué balance hace de estas dos décadas y cuáles considera que son los principales desafíos y oportunidades para la industria?
R: El balance de estos 20 años de CAPPRO es muy positivo.
El gremio nació el 8 de agosto de 2006 con el objetivo de representar al sector ante las autoridades, la sociedad y los mercados internacionales. Dos décadas después, vemos con orgullo cómo la industria evolucionó desde el procesamiento de rubros tradicionales, como el coco y el algodón, hasta consolidar el procesamiento de la soja y contribuir al desarrollo de uno de los principales complejos generadores de divisas del país.
Este crecimiento permitió ampliar la capacidad de molienda, incorporar tecnología, generar empleos de calidad, diversificar las exportaciones y contribuir al desarrollo de otras cadenas productivas.
Mirando hacia el futuro, nuestro principal desafío es que Paraguay avance desde una economía predominantemente exportadora de materias primas hacia un modelo que también produzca alimentos y energía sostenible para el mundo, desde el corazón de Sudamérica.
Industrializar Paraguay es desarrollar el país. No se trata solamente de cuánto producimos, sino de cuánto de esa producción decidimos transformar. Los próximos 20 años de industrialización se construyen hoy, mediante una alianza público-privada sólida que nos permita competir en el mundo.