El disertante explicó durante su ponencia realizada el viernes 13 que el mercado mundial atraviesa un momento de baja debido a una oferta muy abundante, especialmente en Asia, donde los elevados niveles de stock ejercen fuerte presión sobre las cotizaciones. Esta sobreoferta global impacta directamente en los valores internacionales y genera un escenario desfavorable para los productores. En la región del Mercosur, el contexto tampoco resulta alentador, ya que se trata de un bloque superavitario, con Brasil como principal consumidor, pero al mismo tiempo con altos niveles de producción.
Actualmente, los precios se ubican en torno a los 8 dólares, mientras que en Brasil oscilan entre 9,75 y 10 dólares, cifras que, de acuerdo con el analista, no alcanzan para cubrir los altos costos productivos. No obstante, Dos Santos señaló que la expectativa para este año es diferente a la del anterior, ya que se proyecta una recuperación gradual de las cotizaciones hacia el cierre del ejercicio. Aclaró que no será una mejora rápida ni brusca, sino un proceso paulatino que podría consolidarse hacia fin de año con valores más favorables. Indicó que existen señales que sostienen esta previsión.
Entre los factores que incidirían en el precio del cereal, citó la posible reducción del área sembrada en Brasil, unas menores expectativas de productividad y la merma proyectada en la producción total del Mercosur, con una estimación de caída de hasta 30% en la producción de Estados Unidos, situación que ya comienza a reflejarse en las cotizaciones de la bolsa de Chicago. Sostuvo que entre mayo y junio se tendría un panorama más claro respecto al volumen estadounidense, mientras que hacia agosto o septiembre se podrá dimensionar con mayor precisión el comportamiento del área brasileña para la próxima campaña.
Señaló que Brasil enfrenta actualmente costos elevados y precios bajos, lo que naturalmente genera preocupación entre los productores y podría derivar en una nueva reducción de superficie. En ese sentido, remarcó que el agricultor necesita precios justos que permitan generar márgenes por encima de los costos, condición indispensable para sostener la actividad. Finalmente, afirmó que el 2026 será un año de resistencia para el productor arrocero, quien deberá atravesar este período de ajustes con la expectativa de ingresar posteriormente en una senda de mejora tanto en precios como en condiciones de rentabilidad.