P: ¿Qué impresión general se lleva de Paraguay tras recorrer sus campos?
R: Paraguay tiene una combinación extraordinaria de agua, suelo y clima que no se encuentra fácilmente en otras regiones del mundo. Vengo de trabajar en ambientes muy limitantes, con temperaturas extremas y muy poca disponibilidad hídrica, y al comparar eso con lo que tienen aquí, realmente genera admiración. Me voy convencido de que los productores paraguayos tienen la capacidad de duplicar sus rendimientos en un plazo muy corto si logran organizarse, medir correctamente y aplicar buenas prácticas agronómicas.
P: ¿Cuáles fueron las claves en su proceso para alcanzar rendimientos récord y qué recomienda a los productores?
R: Lo primero es realizar un diagnóstico muy preciso de cada condición productiva. No se puede mejorar lo que no se conoce. En segundo lugar, entender que el verdadero patrimonio del agricultor es la fertilidad del suelo, y eso hay que construirlo en el tiempo, con paciencia y consistencia. En tercer lugar, medir absolutamente todo: dónde se pierde eficiencia, por qué se pierde población de plantas, por qué disminuye el peso del grano. La clave está en identificar los problemas, justificarlos con datos y trabajar directamente en el campo. Además, es fundamental establecer metas claras de rendimiento y avanzar paso a paso, con prácticas precisas y oportunas. Sin medición y sin humildad para reconocer errores, es imposible mejorar.
P: ¿Se puede apuntar a una altísima productividad en Paraguay, incluso en la zafriña?
R: Absolutamente. La zafriña no debe ser vista como una limitante, sino como una oportunidad. Uno de los pilares fundamentales es la rotación de cultivos, especialmente la combinación de soja con maíz o de leguminosas con gramíneas. Esa rotación no es negociable porque aporta equilibrio al sistema.
En Paraguay tienen condiciones naturales excepcionales, y lo digo con total sinceridad: muchos productores no dimensionan lo que tienen. Con buenas prácticas de manejo, diagnóstico y armonía en el sistema, se puede duplicar el rendimiento del maíz y aumentar el de la soja entre un 30% y un 40%. No hay excusas válidas cuando se cuenta con estos recursos.
P: Ante el desafío global de producir más alimentos, ¿qué mensaje daría a los productores?
R: Estamos frente a una realidad que no se puede negociar. En los próximos 25 años necesitamos incrementar la producción de alimentos en un 60% a nivel global. En el caso de la soja, el crecimiento debe ser cercano al 70%, y en el maíz debemos prácticamente duplicar la producción. Esto ocurre en un contexto complejo, con cambio climático, degradación de suelos, nuevas plagas y menor disponibilidad de recursos. Sin embargo, también representa una gran oportunidad para el sector agrícola. El mercado va a crecer y quienes estén preparados podrán aprovecharlo. Pero esto debe hacerse de manera colectiva, compartiendo conocimiento y elevando el nivel de todos los productores.
P: ¿Qué recomendaciones concretas daría para aprovechar mejor el potencial productivo?
R: Lo primero es tener humildad para reconocer que siempre hay margen de mejora. Ningún sistema es perfecto. Lo segundo es trabajar de manera integrada, incluso asociándose para mejorar la capacidad de negociación. También es clave entender que esto es un negocio, y como tal debe ser rentable. El consumidor hoy exige calidad y sostenibilidad, por lo que debemos responder a esas demandas. Y, nuevamente, insistir en que el patrimonio del agricultor es el suelo, el agua y el clima. Si no se construye fertilidad, no hay posibilidad de aumentar la producción.
P: ¿Cuánto tiempo le llevó alcanzar los resultados que hoy lo posicionan como referente mundial?
R: Este no es el trabajo de una sola persona, sino de un equipo. Somos 43 ingenieros de distintas disciplinas: suelos, fisiología, economía, sanidad, genética, maquinaria, entre otros. Todos somos agricultores y trabajamos con un objetivo común. Los resultados que hoy se ven son producto de más de 30 años de esfuerzo continuo. Mucha gente cree que estos logros se consiguen de un año a otro, pero detrás hay investigación, desarrollo tecnológico y mucho aprendizaje acumulado.
P: ¿Cuál fue el principal paradigma que tuvieron que romper en ese proceso?
R: El mayor paradigma fue el “no se puede”. Durante mucho tiempo existieron límites teóricos que indicaban que ciertos niveles de rendimiento eran imposibles. Incluso había literatura técnica que lo sostenía. Nosotros tuvimos que cuestionar todo eso, porque nuestra realidad nos obligaba a producir más. Desarrollamos nuevos enfoques, nuevas metodologías y demostramos que las plantas no mienten. Hoy estamos alcanzando rendimientos que duplican lo que antes se consideraba el máximo posible.
P: ¿Cómo deben ser los sistemas productivos frente a los desafíos globales actuales?
R: Los sistemas deben ser ambientalmente amigables, pero también científicamente validados. No se trata de extremos, sino de equilibrio basado en datos reales. Deben ser altamente eficientes, rentables y sostenibles en el tiempo. Además, es fundamental medir aspectos como la captura de carbono, la energía utilizada, la biología del suelo y los niveles de erosión. Solo así se puede garantizar un sistema verdaderamente sustentable.
P: Para cerrar, ¿qué mensaje final le deja al productor paraguayo?
R: Me voy realmente impresionado. Paraguay tiene un potencial enorme, casi único en el mundo. Se los digo con sinceridad: están bendecidos por sus recursos naturales. Pero no deben caer en la comodidad ni en las excusas. Si trabajan con disciplina, responsabilidad y enfoque en resultados, pueden lograr cosas extraordinarias. El desafío es grande, pero la oportunidad también lo es. Y estoy convencido de que pueden convertirse en un ejemplo a nivel mundial.